Dice mi mamá

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Por Caras

Dice mi mamá que soy muy flojo y tiene razón. A veces me ruega para que vaya a conseguir trabajo, pero no le hago caso y entonces me amenaza, dice que si no trabajo no me dará de comer, pero al final termina dándome. Quizá por lástima, de esa lástima que revelan sus ojos cuando me mira y para cuando termino de comer me vuelve a amenazar diciendo que esta fue la última vez que me sirvió un plato, ya hasta me sé sus palabras.

Dice que el trabajo es bueno, que me enseñara a valorar las cosas, dice que el trabajo me hará responsable y es que a veces se ve harto preocupada y le pregunto qué es lo que tiene y me dice que el día que deje panzona a una muchacha no tendré para mantenerla ni a ella ni al chamaco. Y yo postergo las cosas, no le tengo miedo ni a los hijos ni al amor, pero mientras eso no llegue no quiero trabajar. Lo que no me gusta es vender el tiempo, el esfuerzo no importa; a veces hago más esfuerzo piense y piense que no me gusta trabajar que si solo trabajara y la verdad pensar cansa más que obedecer y cuando le digo eso a mi mamá ella dice que no diga chingaderas que soy bien pretextudo, lo que pasa es que pienso en el tiempo, en el poco tiempo y digo para que trabajo, para que…

Dice mi mamá que desde que estaba en su barriga luego ni me movía un chorro de meses, y cuando iba con el doctor, preocupada de que yo ya estuviera muerto dentro de ella; el doctor le decía que no había problema, que solamente tenía un hijo muy flojo creciendo en su panza. Dice que esperó a que el tiempo me compusiera y la verdad eso no ha pasado. Otros días le echa la culpa a mi padre quien también se nota algo preocupado, dice que quiere hacer de mí un hombre de bien y es que en el fondo saben que soy bueno, flojo pero de buen corazón, eso le sana un poco el alma a mi padre pero es más difícil con mi madre. Ella culpa a mi papá porque dice que antes harto tiempo no trabajó y que era bien flojonazo, que si por él hubiera sido nunca hubiera trabajado, pero después dice que al menos heredé su buen corazón y que mi padre se dio cuenta a tiempo para empezar a trabajar y que su buen corazón no nos dejó morir de hambre. Esa es su última esperanza; que lo mismo pase conmigo. Ahora mi padre ya tiene mirada cansada pero está bien resignado, se levanta desde las cinco de la mañana dice que para que no se le haga tarde y a veces regresa hasta que está oscuro otra vez.

Él no nos dice nada pero mi mamá y yo sospechamos que ya lo corrieron de su trabajo, lleva cinco días sin ir a trabajar y en los veinticinco años que ha estado en la fábrica solo ha faltado dos días y eso fue cuando mi abuelo murió hace nueve años, no tenía fuerzas ni para pararse de la cama como si mi abuelo se las hubiera llevado también con él. Y es que dice mi mamá que sus ojos cansados se miran más tristes de lo normal, que en eso ella se puede dar cuenta, pero en lo que yo me doy cuenta es que empieza a caminar más derechito y ahí es cuando confirmo que el trabajo es el que encorva el lomo de uno y no el tiempo, el tiempo solo se burla de uno, y mientras miro a mi padre sentado frente a mí, las risas del reloj suenan Tic-Tac y con eso nada se puede hacer.

Y es que dice mi mamá que se trabaja para vivir y la verdad es que las pocas veces que he trabajado es cuando más muerto me he sentido.

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