Paraiso Siglo XXI

EL SEXTO DIA DEL EDÉN

Adán, estaba ahí, tumbado sobre el pasto, gozando del paraíso que se le había entregado apenas pasadas unas horas, estaba con la carne al aire y el sexo encendido. La noche había caído, junto a Eva, quien lo acompañaba en el silencio, en la obscuridad, en la hierba verde, donde se dio la creación del hombre y de la mujer, de las plantas, de la tierra, de la razón y el saber; donde el espíritu se encontraba terrestre y se movía pedestre; ahí el amor era ley y la pasión no era excepción: Dios había creado LA VIDA y ellos sabían vivirla.

El paraíso, era perfecto, Adán no pedía más -ya no quería más-. Dios gratamente y sabiamente había puesto el pescado y la carne al alcance de su mano, pero lo que más agradecía al creador era la creación salida de su costado. Amaba a Eva, entera y eterna, la amaba de pies a cabeza y más ahora que se había entregado al amor, que Dios había dictado y aprobado.

-Eva, te amo- susurraba sobre su oído.

Ella se regocijaba, y contestaba agitada por el sentimiento. –Adán, yo también, te amo-.

-Quédate aquí, no te vayas. El mundo es nuestro-

-Estaremos juntos, lo prometo.-

Volvían al comienzo, se unían sus cuerpos, juntaban sus flancos, sus muslos, sus labios en cada beso y se volvían eternos: uno como al principio. Eran eternos, su amor era eterno; todo en ese mundo de dos almas, de dos sexos, se volvía eterno en esos momentos, donde ocurría un milagro. Ascendían al cielo, ambos con la expresión de sus caras muy grata, ascendían con todo y el suelo que los contenía, impidiendo su caída. Nada podía interrumpir ese momento, todo lo material se había quedado abajo a excepción de ellos. Fue entonces cuando dudo, ella dudo del amor y su mente, el oscuro lado de su mente, tomo el control. Ella pensaba en cuanto Adán la amaba y en que limites sería capaz de alcanzar él para conseguir otra probada de ese fruto amoroso que juntos habían sembrado justo en el centro del paraíso y de sus cuerpos, una y otra vez se repetía “Es tuyo, todo tuyo, solo tuyo”. Esas palabras resonaban, serpenteaban en su cuerpo y detenían el ascenso al cielo; “Es tuyo, todo tuyo, solo tuyo” crecía y parecía un grito que sonaba dentro de su cerebro y en cada centímetro de su descenso, serpenteaban más dentro de su femenino cuerpo.

-Adán…- decía con dominio – ¿Cuánto me amas Adán?-

-Lo que Dios me ha permitido amarte-

-Creí que nuestro amo no tenía límites…Has mentido-

-Es pecado- Contestaba él, con temor a que Dios los escuchara –Eva, no perdamos este regalo-

-Yo soy tu regalo, y has de probarme tu amor. Desobedece a tu padre-

Cayó la tierra y dicto, lo que sería el principio de la sentencia

-Eva…- solo pudo contestar

Él la ama, no puede negarse a ella, se entrega y la acepta. Entrega todo su cuerpo, ella lo toma entre sus brazos y le quita el corazón por la espalda; mete sus delgados dedos entre sus entrañas, se abre paso por su espina, hace a un lado su tórax, sus pulmones, dejando su corazón a la deriva, lo estruja con fuerza y tira, arranca de su cuerpo, la fruta de su vida, ella lo mete a su boca, lo sostiene entre sus dientes, hasta que en su boca se queda un pedazo. Él es el siguiente, arrancando otro pedazo, inmediato Dios aparece, es la única luz que alumbra su paraíso oscuro; aparece de traje negro, montado sobre un carro que emana las luces azul y roja, que parpadean en una secuencia aturdidora – evidencia su pronto castigo-. Separa a estos dos de su carnal encuentro, los obliga a ponerse la ropa, pues ambos han perdido ese derecho, los obliga a olvidar por completo su paraíso, mientras, sentados dentro del vehículo son desterrados por amarse demasiado.

-Hijos, han faltado al respeto- Dice “Dios” sonriendo –Es momento de que paguen por lo sucedido-

El camino se llena de más luces, de más vida y durante el trayecto son confinados a su nuevo mundo. Han sido convertidos en mortales, jamás volverán a ser eternos, tendrán que pagar su penitencia en un infierno hecho de ladrillo, entre barrotes de hierro. Dios ha olvidado entonces al humano, en un rincón frio y vacío.

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Revista de difusión literaria

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