Edipogüey

da

Por Gabriel Nuñez Palencia

Narrativa que basada en el clásico griego Edipo.

El Güey mató a su padre y se cogió a su madre. Llegó muy fumado y le despachó un tubazo en la maceta. La partió en dos: su madre asustada se dejó hacer por toda la madrugada, hasta que por fin llegó la policía y se lo llevaron derechito al Reclusorio Norte.

Dicen, que el pobre Güey, niño, siempre miró aquello: ¡cómo se lo hacía su padre a la calenturienta de su jefa ya toda encuerada! Dormían los tres muy juntos en una sola cama vieja que hacía más ruido que una matraca americanista. Siempre fue un niño y luego un hombre enorme y muy grueso en carnes. Su padre le decía: <<Res, tráeme una cerveza del refri y alcánzame mis cigarros. La madre, una borracha maniaca, sentía un morbo que le hacía agua la cola cuando los ojos niños la veían coger como vil puta desbordada en su temperamento; y, aún siendo el Güey ya adulto sentía que se le hacían agua los calzones al ser observada por la Res babosa y de ojos muy pequeños y de abundantes cachetes. Quién sabe por qué azar del destino – hasta entonces- el Güey no tuvo hermanas ni hermanos: fue la única res de esa pocilga promiscua.

Lo de sus padres fue una unión de polluelos, su madre lo tuvo a los catorce. Así que cuando el Güey se chingo a su jefa, alcanzaba los diecinueve y su mamacita los treinta y tres; por lo que el ojete de su padre cumpliría -de no haberle caído la Res encima y el tubazo furibundo que le reventó el coco pelado a casquete y la vida- treinta y cuatro años al mes que siguió a su asesinato incestuoso y brutal.

La Res se encerraba por lo común en el baño sin importarle la enorme fila del vecindario. Afirmaba la palomilla que se hacía la paja a diario: se la jalaba pensando en las tetas y el culo exquisito de su madre.

Los de la Bondojito sólo le decían Güey, porque si se les ocurría de pura pendejada decirle Res, los madreaba hasta dejarlos privados en el asfalto de tanto putazo, pues no los soltaba una vez que los pescaba: era de nudillos duros y negros y los golpes del oponente en turno no le hacían ni cosquillas a su humanidad fofa.

Aquella noche infausta el Güey se despachó con pomo y medio de ron blanco y un cuartote de Mota; además antes, ya se había chingado tres sits de Tecate y fumado él solo dos cajas del Marlboro rojos. Ya en planes pedos y muy motos, y ya muy de madrugada; no le importó, o al menos no le molestó, que alguno de los putos del callejón le hablara entonces de su mamacita: le chuleara sus nalgotas, su cintura y sus suculentas tetas.

_Me cae Güey, que tu jefa esta rrechula, rrebuena: nalgona, de buenas tetas y de cintura deliciosa; y si no fuera tu mamacita santa, la-neta-que-me-la-chingabaaa…

_¡Ah puto, a mí se me hace qué eres puro pájaro nalgón; si vez el tamal de mi jefecita, me cae que luego luego se te arruga el pito! ¡Ja Ja Ja…!

_¡Nones puto: les jalo las hojitas y luego luego Aflojan el tamal ¿Qué no, putos…? –cuestionó a todos los briagos y mariguanos ahí presentes.

Entonces, una carcajada múltiple se prolongó como eco histérico en ese callejón triste y solitario a esas horas de la madrugada. Ya se habían acabado el pomo y la Mota, así que cada cual jalo para su casa.

Cuando la policía lo sorprendió infraganti: estaba encima de su jefa dándole cuerda; o quizá, era su jefa la que movía las nalgas hechas aguas encima de esa panza fofa: lo cierto es que en el Reclusorio Norte, le retacaron el culo de semen al Güey; y todo, por haberse chingado a su jefecita linda esa madrugada y por haber matado a su padre de un putazo en la testa.

Los días de visita sus cuatitas, el par de nenas que salieron de la vagina que alguna vez fue su casa -y que estaban, así, casi nada, de volverse unas pirujas- le llevan sus cigarros y diez tortas cubanas; ¡ya se imaginaran ustedes, quien se ocupa de las visitas maritales que por derecho le correspondían a esa Res fofa; sí, cabezones: esa a quien le decía <<¡cuida a mis hijas…!; su madre, qué caray, pues ni de broma, a ese Güey se le asociaría nunca de los nuncas con alguna novia, si acaso con otra Res igual de babosa y excedida en sus carnes!

 

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Revista de difusión literaria

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