Los tragos de aguardiente

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Por Caras

 

Antes, cuando tenía más neuronas, me la pasaba piense y piense todo el día y a veces hasta en la noche nomás no llegaba el sueño. Pensaba en todo, en cualquier cosa y no entendía nada, pero ora que tengo hartas neuronas muertas, (tantas como las ideas que se han borrado de mi cabezota) ora todo es más fácil, todo lo entiendo más sencillo.Y es que eso de la muerte de mis neuronas no fue un evento que paso así nomás o que llegó de la nada, sino que yo mismo me hallé en la necesidá de hacerlo y cuando supe que los tragos grandes de aguardiente de esos que queman la garganta como si se comiera fuego, cuando supe que esos tragos mataban las neuronas y te dejan medio adormilado no deje de tomarlos, porque me desesperaba pensar en todo, ya estaba bien cansado de eso y al final ni resolvía nada, nomás pensaba hasta desesperarme y luego hasta terminaba chille y chille como si juera yo un chiquillo, entonces pensé; mejor le entro a los tragos de aguardiente pa apendejarme, como dicen los del pueblo. Pero pa sincerarme con ustedes a ese aguardiente le he agarrado harto cariño, ora todo lo resuelvo bien rápido, ya las cosas nomás las pienso una vez y luego luego decido y hasta ando pensando que me hizo más inteligente.

Antes me decían que hay que pagar esto y comprar aquello y dale de comer a las gallinas y ve a desyerbar la siembra de frijol y luego la Paquita ni me dejaba hacerle el amor, aun cuando había hecho ya todo y el Domingo saliendo de misa nomás escuchaba susurrar a los vecinos que la Paquita me andaba engañando con el Eusebio y había hasta quien me lo decía de frente y luego escuchaba que el Eusebio andaba buscando la forma de aventarme a la barranca, a la misma barranca donde seguido amanecían muertos y pa acabarla de joder otras tantas veces nomás escuchaba que mi hijo el Julián no salía del Bar de Don Javier y escuchaba que ya estaba bien endeudado con las muchachas que trabajan allí, yo nomás deseaba que no fuera a agarrar una de esas enfermedades que sabe Dios quien las cura y que vas quedando seco como vara de tamarindo, hasta que acabas bien chupado y no tienes ganas de hacer nada más que de morirte.

Pero ora ya nada de eso pasa, ora nomás debo preocuparme por los dolores de cabeza y los vómitos por las mañanas y los dolores de panza, pero ora ando bien feliz porque esos dolores no se comparan con los de pensar.

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Revista de difusión literaria

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