¿Sirve de algo donar?


Por Gil de León


L
a pobreza es ineludible, existe en todas las sociedades actuales del planeta. A la luz de esto han brotado organizaciones y personas que, inyectados por la culpa o por su buen corazón, intentan subyugar el hambre y la miseria material de otros con lúcidos proyectos altruistas.  Si tan solo supieran que con sus tiernos bienintencionados sentimientos en realidad están desgarrando una cultura… un folclore… -de por si ya bastante reventado por el pasado-.

Túnez (2011) Arte callejero por Zoo Project… más de sus diseños aquí

En Occidente asociamos el concepto de “pobre” al que no tiene dinero o esta sucio. En otros pueblos o culturas la pobreza es no tener familia, árboles ni ganado, para otros es no tener tierra arable, salud o sabiduria. En conclusión, la pobreza es la arista que une varias de esas carencias; quizá el estar sucio no, muchos son así por gusto o por trabajo, pero sucede que al ver a personas en condiciones de vida diferentes decidimos actuar para cambiar eso, y lo más sencillo es hacer donaciones económicas o programas de caridad.

Sin embargo, detengámonos a imaginar por un instante la incoherencia visual, ambiental y cultural provocada en algún pueblo de Uganda, Tabasco o Amazonas por la repentina donación de chamarras sintéticas, bras, alimento en lata, playeras, tenis plastificados, zapatos de tacón alto, fármacos o cualquier artículo deshechable y perecedero. Es grotesco. ¿No sería mejor fomentar sus propia manofactura textil y su autosuficiencia alimentaria? Lugares silvestres donde aún reina la flora, tierra y costumbres ancestrales tienen todo a la mano para vivir cómodamente, sin embargo con la poca industria y un PIB de 600usd por año los economistas ladran que son pobres y necesitan deuda para progresar.

Al igual que cuando se ofrece ayuda médica o dental de forma gratuita en algun municipio o país, usualmente es porque se detectó un incremento en enfermedades, mortandad e insalubridad. Con toda la buena intención de los médicos y enfermeras que van a socorrer pueblos malnutridos y contaminados están solo enfrentando de manera superficial el problema. Esos pueblos (así como nuestras ciudades) están invadidos por pan blanco, azucares refinadas y grasas pesadas. Sin un cambio en los hábitos alimenticios, vivenciales y preventivos, las faenas del personal médico sirven para muy poco.

Así se ha occidentalizado y endeudado a pueblos y comunidades enteras desde el siglo pasado, regalándoles o mostrándoles artículos -nuevos o usados poco importa, el dilema dista mucho si estrenar algo es digno o no-  que parecen indispensables. Los comerciales y la mercadotecnia también promueven ésta visión aspiracional.

Un ejemplo tosco de las terribles consecuencias de regalar/donar acontece a diario: todos hemos visto a la doñita con su playera unitalla del PRI o del PartidoVerde (en realidad comprada con nuestros impuestos pero al fin, regalada, donada) que no solo provoca piropos y miradas coquetas sino que se amolda sutilmente a su delicada figura y nos quita un suspiro de los labios… ¿a caso no sería mejor que NADIE le hubiera regalado tal prenda? ¡¡¿no sería mejor que el dinero usado para la confección e impresión del horrendo blusón se utilize en promover, construir y sustentar al sastre o artesano local?!! Quizá entonces la señora se esforzaría por usar algo más acorde a ella, remitiéndose a su individualidad y no a algo amorfo, maligno y ruin.

¿Cuántas compus, ipads, libros, ropa, comida no ha regalado televisa, cocacola, nestle o la onu? Seguramente miles de personas han llegado a la senda del progreso (dícese de sangrar a la tierra y el bolsillo del prójimo) gracias a estas obras de la gran caridad. Pero el problema que dicen tratar, jamás resuelven, pues la cifra de pobres se cuenta en millones y crece a diario.

Así los ejemplos pueden continuar con: juguetes, cobijas, comida, dinero, etc… La donación o caridad no debería ocurrir (salvo desastres naturales), pues cubren necesidades inmediatas que pueden ser resueltas con métodos y proyectos más favorables humana, comunal, y ambientalmente. Indiscutiblemente tomará más tiempo realizarlo, requerirá de mayor planeación e integración pero será, sin duda, de mayor beneficio en general.

Si el frio azota, produzcamos lana ovina. Si hace calor, desvistámonos. Si está tamplado, sembremos cáñamo. Si el hambre zurra, plantemos gallinas o críemos frijol en los patios o azoteas. Estas paupérrimas ideas han sido llevadas a cabo por milenos, hasta que la industria y la macroeconomía llegó para salvarnos. Sin embargo, en muchas comunidades nativas del sur de México, Maṕuches en Suramérica, Amazónicos, la zona campestre de Guatemala, los Rarámuri del norte, et cetera, ya cuentan con programas autosustentables, educación útil de acuerdo a su entorno, agricultura, forestación programada y servicios médicos que han sido de mucha más ayuda que las limosnas otorgadas por las asociaciones civiles o filantrópicas aunado al hecho de que los gobiernos en dichos Estados continuan oprimiéndolos.

Indudablemente una gran limintante es el -infame- dinero que se necesita para comenzar algunos proyectos, es ahi dónde la ayuda capital es bienvenida. Pero ésta no necesariamente tiene que ser regalada; puede ser otorgada a través de una inversión (sin afán de usura ni ganancia por interés capital), colaboración o fianza bien estructurada y organizada  que se asegure de promover el trabajo y el desarrollo de oficios bien compensados que, en consecuencia, ayudarán a re-tejer el manto social del pueblo/comunidad. En otros casos el dinero no es necesario ya que los recursos están alrededor por lo que solo se requiere de una organización y un proyecto sólido que sea constante y continuo. Muchas de estas ideas y proyectos ya se están llevando a cabo en toda la orbe, de forma silenciosa pero firme.

Finalmente, tenemos que celebrar a los colectivos, individuos y asociaciones sin fines de lucro (sí existen) que a través de la Compasión y la Generosidad han provocado cambios saludables a nivel local.
¡Salud!

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