Cocodrilismo

Guanajuato fue la tierra de donde brotó la semilla del nuevo estilo poético mexicano conocido como “cocodrilismo”. Un estilo ágil, conciso, certero, que logró poner a muchos al borde del infarto, o quizá al borde del estrabismo con ese sentido ambivalente de frases bien planeadas.

Efraín fue el nombre de aquel hombre que desvío el camino poético, liberándolo de la huerta en la que se encontraba, para arrojarlo al mundo inmundo en el que vivía, aquél mundo entre guerras, plagado de fascismos y realismos que ataron a la sociedad con camisas de fuerza desvencijadas por el tiempo. Fue un problema de salud, un cáncer, lo que le hizo perder la voz y escribir todo lo que pensaba y quería. Es así como surgen sus poemínimos, una serie de versos cortos, incluso monosílabos, que rompían con el tradicional esquema del refrán y el dicho, para convertirlos en un arte poético, de barrio, popular.

“Del dicho al lecho, hay mucho trecho” nos dejó escrito este reptil de la literatura, que con su irreverencia sexual, social y quizá inmoral, dejó marcada a una generación con su habilidad poética para nada patética. El propio Efraín dictó el por qué:

“Hay que meterse bajo la dura piel del cocodrilo: animal que soporta, persevera y no se esconde: sigue allí bostezando, o a lo mejor, riéndose de nosotros. El cocodrilismo consiste en refutar el dolor con humor”.

Desde el pantano social, desde la inmundicia y las aguas negras, el poeta cocodrilo se encargó de darle color a la vida social mexicana. Hoy lo recordamos a 35 años de su partida terrenal.


El Amor

El amor viene lento como la tierra negra,

como luz de doncella, como el aire del trigo.

Se parece a la lluvia lavando viejos árboles,

resucitando pájaros. Es blanquísimo y limpio,

larguísimo y sereno: veinte sonrisas claras,

un chorro de granizo o fría seda educada. 

Es como el sol, el alba: una espiga muy grande. 

Yo camino en silencio por donde lloran piedras

que quieren ser palomas, o estrellas,

o canarios: voy entre campanas.

Escucho los sollozos de los cuervos que mueren,

de negros perros semejantes a tristes golondrinas. 

Yo camino buscando tu sonrisa de fiesta,

tu azul melancolía, tu garganta morena

y esa voz de cuchillo que domina mis nervios.

Ignorante de todo, llevo el rumbo del viento,

el olor de la niebla, el murmullo del tiempo. 

Enséñame tu forma de gran lirio salvaje:

cómo viven tus brazos, cómo alienta tu pecho,

cómo en tus finas piernas siguen latiendo rosas

y en tus largos cabellos las dolientes violetas.        

Yo camino buscando tu sonrisa de nube,

tu sonrisa de ala, tu sonrisa de fiebre.

Yo voy por el amor, por el heroico vino

que revienta los labios. Vengo de la tristeza,

de la agria cortesía que enmohece los ojos. 

Pero el amor es lento, pero el amor es muerte

resignada y sombría: el amor es misterio,

es una luna parda, larga noche sin crímenes,

río de suicidas fríos y pensativos, fea

y perfecta maldad hija de una Poesía

que todavía rezuma lágrimas y bostezos,

oraciones y agua, bendiciones y penas. 

Te busco por la lluvia creadora de violencias,

por la lluvia sonora de laureles y sombras,

amada tanto tiempo, tanto tiempo deseada,

finalmente destruida por un alba de odio.

Poemínimos

PASEO I

Ahorita

Vengo

Voy a dar

Un paseo

Alrededor

De

Mi

Vida

Ya vine

***

DISTANCIA

Del

Dicho

Al

Lecho

Hay

Mucho

Trecho

***

MANDAMIENTO EQUIS

No

Desearás

La

Poesía

De

Tu

Prójimo

***

CINISMO

Ayer

También

Tengo

Ganas

De

Emborracharme

***

PROTAGÓRICA

El

Hambre

Es

La medida

De todas

Las Cosas

***

AY POETA

Primero

Que nada:

Me complace

Enormísimamente

Ser

Un buen

Poeta

De segunda

Del Tercer

Mundo

Efraín Huerta

revistarevoltura

Revista de difusión literaria